Cuando los templos y los artistas cristianos deben seguir esperando
Hace poco uno de los programas más vistos de la televisión argentina, inició una nueva temporada ante la alegría de muchos, y el malestar de otros. Ver a un número considerable de personas sobre un escenario, sin respetar aparentemente las restricciones sanitarias de distanciamiento, abrió serios interrogantes tanto dentro de los templos como en el ambiente artístico cristiano.

Es sabido que en Argentina, el número de contagios y de muertes por COVID alcanzó en las últimas horas cifras récord, lo que activó las alarmas del sistema sanitario a lo largo de todo el territorio.
Las restricciones aplicadas desde el Gobierno Nacional, impidieron la realización de eventos con concurrencia de personas, incluso en iglesias donde se respetaron los protocolos correspondientes, con acciones como la toma de temperatura al ingreso, el uso obligatorio de barbijo y el distanciamiento entre sillas.
Pero nada de eso pareció importar frente a las cámaras de televisión, donde se mostró a un grupo de personas (algunos dijeron casi 200, aunque desde la producción aseguraron que fueron menos y grabado en bloques de 30), que se abrazaban, se hablaban al oído, festejaban «el retorno a las pantallas», y llegaban así a los hogares de argentinos que no pudieron festejar cumpleaños, velar a un ser amado o predicar en las calles.
Si bien este artículo no pretende señalar a ningún gobierno ni conductor en especial, los templos y los artistas cristianos siguen esperando.
«Con esto damos trabajo a 300 personas» afirmó el afamado conductor de las noches. Pero hoy tenemos a productores, publicistas, representantes artísticos, grupos musicales, que tuvieron que suspender por enésima vez un tour, un evento, una obra solidaria.
Tenemos templos cerrados con fieles (en muchos casos adultos mayores) que quizás dejarán esta tierra sin poder volver a abrazarse con sus hermanos, con pastores luchando para mantener la economía, con jóvenes cada vez más sumergido en las redes y las pantallas, sin «sentir» esa «adrenalina» de jugarse todo por el Evangelio.
¿Hay que cuidarse?, por supuesto. ¿Ahora cada uno debe hacer lo que quiera?. Jamás. Pero no olvidemos para lo que el Señor nos ha llamado. No perdamos la meta. Marcos 16:15-16 «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado».
(tdmproducciones)
