La Misión Blues Band despidió el año con amigos

Fue como en aquellos viejos tiempos, en que cuando tocaba una banda, se podía ver en el montón de gente a integrantes de otras bandas que, como tenían fecha libre, iban a ver a sus amigos. Un vuelta al pasado para quienes hemos transitado la noche recitalera desde hace ya tres décadas. Una noche de esas que está bueno repetir de vez en cuando. O tal vez, cada fin de semana.

Es que La Misión Blues Band lo había planeado así, como una reunión de amigos, donde esos músicos, además, pudieran subir a compartir la plataforma con la blues band, como pasó con el bajista Marcelo Potenza, o el saxofonista Gustavo Labanowski, por mencionar un par de casos.

Y como todo recital que añora las viejas costumbres, también añoró viejas mañanas como la de iniciar más tarde de lo anunciado. La gente se movía inquieta esperando el inicio, pero el tradicional buffet apaciguaba los ánimos y servía para propiciar una suerte de “koinonía” entre los que estaban allí.

Hasta que la figura de Andrea Ruiz asomó por el escenario tras una presentación individual de los integrantes de su banda que hacían gala de sus performances con sus instrumentos. Esto dio lugar a un set en el que Andrea mostró por qué se convirtió, en los últimos años, en una de las artistas más convocadas en el ambiente: versatilidad musical, buenas letras, buen feedback con el público y además, un buen canal para transportar lo que Dios quiere decirle a las personas.

Enseguida vino La Páez System, agrupación liderada por el legendario guitarrista Claudio Páez, también integrante de La Misión. La Páez venía de un paréntesis importante, pero no desaprovechó la oportunidad de mostrarse ante el público en lo que fue su única presentación del año.

Con conocidas canciones que sonaban en los 90 en la voz de Mike –canciones cuya autoría son de Claudio Páez- y otros nuevos temas, la banda pudo darse a conocer ante varios de los que estaban allí.

La aceptación del público se hizo notar con un cálido aplauso luego de su show, que dio lugar a Boré, una joven banda integrada por el hijo de Claudio Páez y un grupo de alumnos de Sergio Sidoruk, el tecladista de La Misión. Se podría decir que todo quedó como en familia. Boré mostró cosas interesantísimas que hace presagiar que tendrá un 2019 bastante auspicioso.

El cierre, ya cerca de la medianoche, fue de la banda que convocó a esta verdadera reunión de amigos, que no se movieron ni un instante a pesar que las agujas del reloj ya marcaban el inicio de un nuevo día.

Los clásicos de “Tierra salvaje” fueron desgranándose uno a uno, con los arreglos nuevos de Claudio Páez y la inigualable voz de Leo Lértora.

La Misión pobló el escenario con una docena de músicos de grueso calibre que interpretaron los temas que la banda remasterizó y editó también en formato físico. “Chicos locos”, “Esta noche”, “Tierra salvaje” y otros clásicos se fueron sucediendo mientras la noche avanzaba. Hasta que llegó el final, el bis, los aplausos, el saludo… no faltó nada en el ritual que toda gran banda tiene que hacer.

Ahora, se viene un break que dará lugar para un inicio de temporada 2019 que se traerá más sorpresas por parte de una banda que, al parecer, no tiene fecha de vencimiento.

(Sileo)

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