«No te des por vencido» – Reflexión del pastor Juan Carlos Wlasiuk

mendigo

Dice la Biblia en Marcos 10: 46-52: «Después llegaron a Jericó. Más tarde, salió Jesús de la ciudad acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino. Al oír que el que venía era Jesús de Nazaret, se puso a gritar:
—¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!-.
Muchos lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más:
—¡Hijo de David, ten compasión de mí!-.
Jesús se detuvo y dijo:
—Llámenlo-.
Así que llamaron al ciego.
—¡Ánimo! —le dijeron—. ¡Levántate! Te llama.
Él, arrojando la capa, dio un salto y se acercó a Jesús.
—¿Qué quieres que haga por ti? —le preguntó.
—Rabí, quiero ver —respondió el ciego.
—Puedes irte —le dijo Jesús—; tu fe te ha sanado.
Al momento recobró la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino».

Lo importante de no darse por vencido. Lo peor es perder la esperanza, creer que nuestra situación no tiene solución. Bartimeo estaba sin esperanza, abatido. Eran muchos años que el hombre estaba así.

Un hombre sentado junto al camino

Cuando estuve trabajando en Santiago del Estero, en un pueblo llamado Clodomira, mientras manejaba camiones veía junto al camino a una pequeña sentada sobre un montículo de tierra a la vera del camino. Ella intentaba vender unos pocos quesos caseros. Pero al tiempo me enteré que no tenía una mano y mucha gente evitaba adquirir su producto solo por su apariencia.

Hay mucha gente que vive a la vera del camino de la vida. Dejando pasar el tiempo, los días, los meses y años sin crecer, sin producir cosas importantes, como sentados en un tobogán gigante que nos desliza inexorablemente hacia la muerte.

Bartimeo era un hombre que no tenía esperanzas. Tenía un problema insoluble para la época. No aspiraba a nada. No es que decía «Ya me falta poco o ya viene la solución para mí». Solo estaba sentado junto al camino y mendigaba.

Por otro lado era lo único que podía hacer. ¿Cómo estamos pasando la vida? ¿Qué esperamos para el mañana?

Hoy quiero decirte que no te rindas, que hay esperanza. Que Jesús pasa por tu vida para cambiarla totalmente.

En el caso de Bartimeo podemos resaltar algunas cosas.

Jesús no interviene a menos que lo llamemos: Él es Dios, por lo tanto podemos pensar que conocía a Bartimeo, sabía de su situación y también conoce la nuestra.

Pero no interviene en nuestros asuntos a menos que lo llamemos y le digamos lo que necesitamos.

Es muy probable que Jesús hubiese pasado de largo ese día si Bartimeo no lo hubiera llamado. Dios es respetuoso y no se mete en tu vida a menos que se lo pida.

Pasa de nuevo dando oportunidades: Somos privilegiados porque Jesús pasó un día frente a nuestras vidas y muchos de nosotros aprovechamos ese momento. Hoy tenemos una nueva oportunidad, que quizá sea la última, como en el caso del ciego. Hoy puede ser tu día.

Bartimeo tuvo que poner de su parte: Se puso a gritar, pidiendo auxilio. Esta es la oración básica que Dios quiere oír de nosotros. «Señor te necesito», «Señor no te vayas».

Bartimeo reconoció su condición de pecador: Bartimeo se humilló, reconoció su necesidad extrema, se expuso ante la multitud y declaró que no era merecedor de la gracia.

No debemos dejar que nuestra oración esté obstaculizada: El enemigo no quiere que puedas disfrutar de lo que Jesús quiere hacer de tu vida. Él no desea que pronuncies una oración pidiendo ayuda. Por eso no le debemos dar el gusto a los que quieren hacernos cerrar la boca. Alejarnos de las cosas que nos quieren alejar de la oración íntima como los prejuicios, autosuficiencia, derrotados sin fe, no soy digno, no merezco o no estoy tan mal.

Jesús siempre escucha y se detiene: El nunca está tan ocupado como para no escuchar. Este tipo de petición es la que quiere oír.
El siempre nos escucha como escuchó a Bartimeo a pesar de la multitud. El escucha tu oración y contesta de acuerdo a tu necesidad.

No conformarse con poco: Hay veces que nos conformamos con poco. En las cosas espirituales el Señor nos enseña a que debemos aspirar a lo mejor, a crecer cada día. A no quedar estancados.

Bartimeo podía haber conformado con escuchar a Jesús. Podría haber pedido una casa, un subsidio, una obra social. Pero el pidió «ver» que era su mayor necesidad del momento. Y al recibir ese milagro arrojó la capa que lo identificaba como ciego. Y seguramente desde allí recibió trabajo, casa y familia.

No te rindas, no te des por vencido. Si estás ahí en el camino mirando la vida al pasar, Jesús pasa junto a ti y espera que lo llames. Quiere que lo veas, no solo que lo escuches. «Señor tanto tiempo escuchando de ti, hoy quiero verte» ¡No te des por vencido!.

wlasiukJuan Carlos Wlasiuk – Pastor de la Iglesia Bautista Melipal, Bariloche, Argentina.

Usado con permiso.

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Comments

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1 respuesta

  1. maria dice:

    pidooración por Osvaldo,el alcohol lo está perjudicando,tiene problemas matrimoniales por este motivo.Pidoal Señor que lo ilumine a comprender que se está autodestruyendo.Bendiciones para todos

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