«Mi vida privada es privada», enfatizó Dante Gebel

Mediante un posteo en su página de Facebook oficial, el pastor y conferencista Dante Gebel hizo referencia a la diferencia entre su vida pública y la privacidad que busca para su familia, destacando la importancia de «respetar» los límites en las redes sociales. Lo publicamos de manera textual.

«A veces, suelen preguntarme por qué ya no me saco fotos con la familia, con los hijos y por qué no los muestro. Honestamente, desde hace algunos años solo publico lo que tenga que ver con el Ministerio, el trabajo, las giras, la Iglesia, la televisión, los libros; pero desde hace un buen tiempo, en mis perfiles, YA NO HAY FOTOS de mi vida privada o familiar.

No estoy diciendo que los demás deberían hacer lo mismo; es una decisión estrictamente personal.

He decidido no exponerlos, quiero preservar la inocencia de nuestros hijos, lo más que se pueda. Hay muchísima crueldad en las redes, y demasiada gente resentida dando vuelta en esta gran autopista de la comunicación.

Lamentablemente, el creyente promedio goza de una impunidad absoluta para adjetivizar sin el mínimo temor o respeto; capaz de escribir: “Que gordo está tu hijo”, “Debe ser un vago”, “Que narigón”, “Te salió corto de vista”, “Seguro vive de los diezmos”, o la dulce frase: “Vas a arder en el infierno como tu padre”.

Así se expresa cierto sector de la Iglesia, y no tengo ganas que ellos tengan que lidiar con esa impunidad verbal de quienes piensan que “pecado es lo que se hace y no lo que se dice”. Yo soy un hombre grande, largamente entrenado; me divierten ese tipo de comentarios y los capitalizo; pero para un niño podría ser letal.

Prefiero que nuestros hijos, disfruten su infancia en paz y que no tengan que ser acreedores de la asfixia de tener un papá conocido. Ellos no eligieron ser los hijos de Dante Gebel, así que mínimamente se merecen el derecho de una vida inocente y con bajo perfil.

Hace algunos años atrás publiqué un par de fotos con ellos y no faltó el “profeta” que los maldijo por sus nombres, diciendo que morirían prematuramente por la razón que su papá (o sea, yo) no quiso aceptar una invitación para predicar en su Iglesia. Fue el mismo delirante que predijo hace tres años atrás, que caería un meteorito sobre River Arena y morirían todos ahogados (¡Es increíble la cantidad de muertes que se podrían evitar si tan solo aceptara predicar en su congregación!).

De ese tipo de gente tóxica es que decidí protegerlos, mínimo hasta que sean adultos y decidan exponerse por si solos, si así lo desean o la profesión y el ministerio se los demanden. Pero ya no será mi decisión.

Un sabio dramaturgo le aconsejó una vez a la familia Real de Gran Bretaña: “Si abren la puerta de vuestra intimidad al público, no pretendaís cerrarla nunca jamás”. El abrir esa puerta, siempre es un viaje de ida.

Tampoco me interesa mostrar fotos de nuestros cumpleaños, aniversarios, en donde comemos, si vamos de vacaciones, o lo que es peor: expresar en las redes, lo que en todo caso, debería reservarme exclusivamente para la intimidad. Si quiero decirle algo a alguien (y mas si es importante) no lo publico. O hablo en privado con esa persona o en público con los seguidores, pero nunca con los dos a la vez; no tiene sentido.

Suelo desconfiar de aquellas parejas que viven publicando “cuanto se aman y se miman” en Facebook. “Te amo, preciosura, mi pupusa de melocotón”, publican en Instragram dándose un beso; ¿De verdad era necesario que tengamos que leer eso todos?.

“Dime de que presumes, y te diré de que escaseas”, dice un viejo proverbio. A mi humilde entender, si tienes que decirlo en las redes, algo más serio te está fallando, amigo.

Para los que dicen: “¿Por qué no hay fotos con tu familia?”; les respondo: Porque mis redes no son destinadas a mostrar mi vida privada o familiar, sino aquello a lo que fui llamado.

Puedo mostrar cuando trabajo, proyecto, viajo para una conferencia, una reunión de negocios, predicando, conduciendo un programa de televisión o actuando. Pero mi vida privada no debe interesarle a nadie. Por mi familia, responderé ante el Señor y no ante los seguidores de las redes.

Tampoco estoy obligado a mostrar a nadie “para dar buen testimonio o ejemplo”. Esa es la vieja excusa de los que quieren chismear un poco más de lo que deberían saber. El testimonio no se construye en Instagram, se forja en secreto y no se expone, solo se deja ver orgánicamente.

Y mucho menos me pondría de “ejemplo”, porque estoy consciente de lo falible que puedo ser. No puedo prometer que no voy a fallar, sería una falacia el tan solo considerarlo.

Carlos Annacondia me dijo una vez: “Flaco ¿Para que crees que Dios te llamó?” “A predicar, a inspirar a las generaciones cuyos oídos me ha prestado el Señor” -dije. Y el respondió sabiamente: “Entonces, hacé solo eso. No hagas una sola cosa de más, que no sea tu llamado específico”.

Gracias por seguirme durante tantos años. Y también por comprender que la vida y ciertas circunstancias me ha hecho cambiar. La peor tragedia justamente es no cambiar, no evolucionar. Y mi neurogénesis no se detiene ni siquiera cuando duermo.

Asi que, mi vida pública y de servicio estará aquí siempre para todos, disponible, auténtica y transparente, con sus errores y aciertos. De esa vida, opinen lo que quieran, porque yo decidí exponerla hace más de treinta años.

La otra, la privada es solo mía. Y de esa, pueden especular lo que quieran. Publique lo que publique, la gente nunca dejará de arribar a sus propias conclusiones.

Mi vida privada es privada. Después de todo, es lo único que me quedará cuando algunos decidan quitar su preciado like y migrar hacia otros perfiles».

(Extraido de la página oficial facebook.com/dantegebel/)

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