Músicos cristianos: ¿Cobrar o no cobrar?

Hoy en día hay una profunda división entre lo que se considera música cristiana, de la música «hecha para cristianos». Hay una importante proliferación de músicos, cantantes, bandas, solistas, que aumenta notablemente ayudados por las redes sociales y los medios de comunicación, pero ¿qué hacer a la hora de afrontar los gastos?
La música es en sí una fuente de sensaciones, ya que lleva al espíritu a diferentes estados como paz, alegría, exaltación, incluso broncas y odios. Es que desde que la humanidad existe, el hombre trató de plasmar en su canto y su instrumento lo que vivía por dentro en relación a su interior o lo que lo rodeaba.
Grandes obras fueron logradas por reconocidos compositores a través de la historia, quienes movidos por sus sentimientos expresaron desde lo más alto hasta lo más vil de sus corazones.
Hoy en día, gracias a la tecnología, se ha podido lograr que cualquier músico con las herramientas adecuadas pueda componer o interpretar todo tipo de estilo y con calidades que, en muchos casos, no tienen nada que envidiar a los mejores estudios de grabación.
Pero también esto hizo que se forme alrededor una industria que, tiempo atrás estaba en manos de unos pocos, pero hoy se ha masificado de manera exponencial, teniendo miles de propuestas y formas de hacer conocer a un artista.
Dentro del ámbito cristiano se han dividido las aguas, en relación a la función del músico, donde pasa desde ser «el ministro o salmista» de la iglesia, hasta un producto en manos de un empresario. En este sentido muchos defienden la «industrialización» de la música cristiana como una forma de llegar a la excelencia. Otros combaten este concepto, indicando que el «salmista» debe volver a las raíces.
Esta división se acentúa al momento de decidir cómo usar la música a la hora de evangelizar. En este campo, el enfrentamiento es mayor, comenzando desde quienes sostienen que un evento debe ser «colaborativo y gratis para quienes lo presencian», hasta los extremos de «no tocar si no se nos paga».
Aquí es donde se termina el «amor de Cristo», dando lugar a serias discusiones, columnas, acusaciones y denuncias. ¿Cobrar o no cobrar? ¿Somos artistas, ministros o productos? ¿Hasta dónde debemos «parecernos» a los artistas seculares?
Las posturas
Dentro de las posturas «colaborativas» encontramos a quienes organizan un evento, sea una persona, un grupo de amigos o una iglesia, que buscan conseguir todos los recursos para no cobrar entrada. El argumento es que «si recibimos de gracia, debemos dar por gracia», y que «el Evangelio no se vende».
Esto es en cierto sentido verdad, pues hay claros ejemplos de megaeventos donde no se ha cobrado ni un centavo al público, pero ha significado el empeño de los organizadores y un largo historial de deudas.
De todas maneras, el factor «Fe» ha sido crucial para muchos casos, ya que, de haber una clara orden de parte de Dios, todo lo demás «se ordena», y facilita.
Hemos visto personas que caminan «por Fe», confiando en que Dios provee y donde el resultado final ha sido un evento con resultados positivos, vidas cambiadas y donde se ha cumplido con el propósito de poner el nombre del Señor en alto. Pero otros casos han sido fracasos estrepitosos.
Otra postura es la de «compartir los gastos», entre los organizadores, los músicos y la gente. Esto ha ayudado a mejorar el nivel tanto del sonido, como de las locaciones y logística. Mediante la venta de entradas se puede «cubrir» los gastos y tener un resto ante eventuales imprevistos.
Esta manera ha sido muy discutida, ya que en muchos casos no se ha podido llegar a un buen balance en cuando a las responsabilidades de cada parte. Además, muchos lo han tildado de «falta de fe» o de «secularización» del Evangelio. Pero entre quienes lo defienden, recuerdan que «Jesús mismo tenía un contador entre sus discípulos, lo que significa que entre ellos corría dinero».
La tercera postura es la del «empresario» quien organiza, produce y afronta los gastos del evento. Estos son casos muy puntuales, ya que ningún «productor» va a poner en riesgo su «capital».
De esta forma, se busca lograr «un buen evento», pero también poder «tener una ganancia, pagar los gastos, a los músicos, los costos, y todos los etcéteras», logrando en si un producto final de un buen nivel.
Conclusión
¿Cobrar o no cobrar? Volviendo a la pregunta del principio, no podemos definir cuál de las tres posturas presentadas son las más correctas. En todos los ámbitos existen personas «temerosas de Dios» que buscan de una u otra manera extender el Evangelio, llegar a las almas y predicar a Cristo.
La medida para conocer si se está haciendo lo correcto es preguntarse: ¿Realmente honro a Dios cobrando, o no cobrando? ¿Es para darle la gloria a Él este evento o solo para alimentar el ego de los músicos? Al terminar el concierto ¿Haré un balance de cuanto «dinero» me quedó, o de cuántas almas conocieron al Señor? ¿Es el dinero un condicionante para servir a Dios?
Dios merece la gloria en todas nuestras acciones. Si éstas provocan disensión, peleas o enfrentamientos entre hermanos, si solo nos colocan en una situación precaria frente a quienes nos observan «desde afuera», si no somos íntegros, solidarios, de corazón sensible y por, sobre todo, que lo que hacemos sobre el escenario, está respaldado con nuestra vida cotidiana, lamentablemente cobremos, o no cobremos, solo será un buen momento más. (Daniel Rios – tdmproducciones)

me parecen inmteresantes los conceptos de «música cristiana» y música hecha para cristianos….en el primer caso, no se debe cobrar,´porque es parte de la adoración del pueblo hacia nuestro Dios, y el música sirve con su talento al Señor… con respecto a lo segundo, ahi si puede cobrar porque la música hecha para cristianos ES UN PRODUCTO DE CONSUMO y es un ESPECTACULO ARTISTICO, donde puede haber adoración, alabanza y se pueden interpretar canciones con temas edificantes(el amor a la pareja, a la familia, a la belleza, a la naturaleza,etc).
Lá alavanca y adoracion a Dios no es entrenamiento. No es para el hombre es para Dios. Lós angeles dice la palabra de Dios le adoran de dia y de noche y el que adora debe adorarle en Espiritu y Verdad. No es un negocio como ló que ofrece El mundo. Tengan cuidado. Dios no puede ser burlado. Muchos se enriquecen Con la predicacion y la musica que supuestamente es. Para El Señor y no para el hombre. El versiculo “el obrero Es digno de su salario” há sido manipulado por muchos. Pablo hablo acerca de esto por eso El construía tiendas y ahi se ganaba su salario y tambien recibio ofrendas. Lós pastores reciben salário no inmensas cantidades de Dinero provenientes de lós miem bros de iglesia es bueno establecer orden. Si bien Dios quiere bendecirnos no es a costilla de la predicacion. Como dice Pablo “gratuitamente”.
¿Cuál es, entonces, mi recompensa? Que al predicar el evangelio, pueda ofrecerlo gratuitamente sin hacer pleno uso de mi derecho en el evangelio.
Si canto porque es un don que uso para adorar a Dios entonces no ló controla El cantante debe ser puesto a lós pies de Cristo para que El don ló controle El y no al revés.
Quiero ser cantante cristana traduzco de musica mundana a cristiana que requisitos piden xfa
Esta bueno el debate, los músicos invertimos muchísimo dinero para poder servir, en el caso de mi familia los tres varones somos músicos, mi batería de práctica cuesta $30,000 el bajo otros 20,000 ya con el combo, la guitarra y pedalera otros $20,000 a eso súmale el tiempo que se dedica. Claro que en nuestro caso no cobramos nada, todo es de corazón y amor al servicio. Pero no estoy en contra que los músicos cobren si el ministerio tiene ya esa posibilidad.
Quiza no venga al tema pero según tengo entendido que los pastores tiene derecho a vivir del diezmo y/o ofrendas de la iglesia porque el obrero es digno de su salario. A los musicos, cantores, danzores, etc tambien les corresponde porque según la biblia la Tribu de Levi no recibió territorio para sembrar la tierra porque ellos fueron consagrados para todo lo que se refiere al templo. Si alguien conoce la historia de Jeremias entenderá lo que digo