«Si hacés rap, te corto el sonido»

La música evoluciona a través de los tiempos. Eso es un hecho innegable e inevitable. Todo estilo sufre cambios según la época, el contexto cultural y los distintos ingredientes sociales, emocionales y geográficos. Pero no todos estuvieron siempre dispuestos a aceptar los cambios y menos dentro de la iglesia misma.

Unos cuantos años atrás, en un evento de jóvenes, fui invitado por los organizadores para llevar un par de temas de mi autoría; específicamente raps. Era un tiempo donde este género era aún muy cuestionado dentro de las paredes de los templos y solo se permitía para aquellos «rebeldes» que se animaban a juntar algunas rimas en alguna esquina.

Era una tarde con mucho entusiasmo. Varios grupos de jóvenes pasaron delante para participar de alguna canción o lectura bíblica.

De pronto, me avisaron que había llegado mi momento. La expectativa crecía porque sabía que en voz baja muchos decían «ahora viene el rapero». Me fui acercando por uno de los pasillos, repasando mentalmente cada frase de los dos temas que había preparado.

Llegué al costado del escenario. El salón estaba con ese aire de juventud y alegría que suelen tener los encuentros interdenominacionales, pero de pronto sentí en mi oído la suave voz de la pastora: «Si hacés rap, te corto el sonido«.

Claro, no contaba con eso. Era una de esas iglesias donde podían permitirse llevar adelante este tipo de eventos, pero con «algunas condiciones», es decir, no ir más allá de lo «correcto» o lo que no infringía la «sana doctrina».

Tuve un segundo para pensar. Si subía y desafiaba a la autoridad, era posible que la «amenaza» se cumpliera y quedara «en el aire» sin la posibilidad de ser escuchado. Entonces decidí subir igual, pero aclarar delante de todos que «en esta ocasión solo iba a cantar una canción que sepan todos».

A través de los años muchos se atrevieron a romper los paradigmas, aún a riesgo de que «les corten el sonido». Hemos visto como bandas de rock, blues, cumbia, cuarteto, merengue, exponentes de hip hop y otros sonidos considerados «del diablo», fueron ganando terreno llevando un mensaje de amor, de cambio y de arrepentimiento.

Un día, un reconocido productor musical de la zona Sur de Buenos Aires dijo algo que me quedó para siempre en el corazón. «Es verdad que Satanás, como ángel de luz en su comienzo fue uno de los mayores «autores» de la alabanza celestial delante del trono, excelente en todo sentido. Pero al caer, su «talento» musical también se degradó y sus adoradores utilizaron la música para los más oscuros propósitos en toda la historia».

«Ahora», continuó, «nosotros los hijos de Dios tenemos que «recuperar» esos estilos, llevarlos a la santificación y «quitárselos» al diablo, para la purificación de toda música. Ese es nuestro propósito como ministros», cerró.

¿Te quieren cortar el sonido?. Primero hacé un examen hacia el fondo de tu corazón. ¿Para qué hago esta música?, ¿para mi placer, mi ego, para «demostrar» algo a las demás personas o para exaltar al único que merece la gloria?.

El estilo no define tu relación con Dios, sino una vida de santidad, de obediencia y de servicio. Si sos un instrumento en las manos del Señor, Él hará que tu música cumpla el propósito de ser un puente para llegar a los corazones heridos, para alcanzar a quienes están necesitados del verdadero amor y que quizás, un rap, puede ser una bisagra para evitar que un alma se pierda. (Daniel Rios – tdmproducciones)

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